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Libro: Voces o Silencio
"... “Voces o silencio”, el texto no sólo aporta –y mucho– al trabajo de los profesionales que desarrollan su tarea con sujetos con sordera o hipoacusia, sino también a esos sujetos y, fundamentalmente, a su entorno familiar..."
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Cuentos Cuentos: El relato de la luna
Editado el Voces el Thursday a las 10:15:00, el 29 September del 2005
Contribución de Voces

de I. L. Peretz
Cansada de mirar el fino mármol y la blanca luz de gas de la calle, me di vuelta y eché una mirada sobre una callejuela del suburbio. De una casucha agachada salió un niño descalzo, mal vestido - sus harapos apenas se sostienen - y enfrente, de otra casa, casi una ruina, salió otro niño...

Cuando se acercaron no supe distinguir cuál había salido de cuál casa. Ambos flacos, con ojos ardientes, temblorosos de frío y quizás de hambre también.
Escuché lo que conversaban:
- ¿Listo?
-¿Y tú?
-¡También!
-¿Comiste?
-No... Papá no trajo.
-El mío está enfermo; mamá llora...
-¿Caminamos?
-Es mejor correr. Hace frío.
-¡Vamos!
Como flechas corrieron rumbo a la ciudad. Los seguí con la vista. Se detuvieron ante una de las casas más hermosas.
- ¿Ves? ¡La casa de mi tío! - dijo uno con orgullo.
El otro señaló una casa de enfrente
-¡Esta es la de mi tío!
-¡Pero mi tío compró un caballo árabe por 16.000 pesos!
-¡El mío tiene un coche tirado por cuatro caballos fuertes como leones!
-¡El mío tienen como mil aldeas!
-El mío, ¡cómo cien ciudades!
-¡Tonto! ¡Los muebles de mi tío son de oro!
-¡Animal! ¡Los de mi tío de puros brillantes!
-¡Pero mi tía con sus perfumes!...
-¡Bah! ¡Mi tía va todos los días al teatro!
-¡Y mi tío, que juega todas las noches a las barajas! ¿Eh?
Largo rato discutieron, hasta llegar casi hasta las manos.
Naturalmente, uno se apartó antes.
-¡Hace frío! - dijo temblando.
El otro también se retiró un poco:
-¡Tengo mucho hambre! Llama a la casa de tu tío.
-¡No! - contestó el otro, asustado. ¡Ordenó al portero que me rompa los huesos!
-¡Mi tío, igual! - dijo el otro.
Ambos bajaron tristemente la cabeza.
-¿Vamos?
-Mejor correr
Y en el camino:
-Mañana por la noche otra vez...
-Sí... Te daré una señal. Cantaré como un gallo.
-Te contestaré con un maullido.
-Bueno...
Ambos desaparecieron.

De "La herencia y otros cuentos" (Sociedad Hebraica Argentina, 1947)


 
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